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El CERN tenía dos opciones: cambiar de sistema operativo o reemplazar más de mil ordenadores. Eligió la vía más lógica

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La noticia
A muchos nos ha pasado en casa: tenemos un dispositivo que sigue funcionando, cumple perfectamente con lo que le pedimos y, de pronto, el software empieza a dejarlo atrás. Puede ser ese iPod que ya no recibe nuevas actualizaciones o un ordenador todavía capaz que no cumple los requisitos para dar el salto a Windows 11. El hardware no se ha roto, pero su vida útil empieza a estar condicionada por lo que puede ejecutar. Es una situación bastante doméstica, hasta que llevamos el mismo problema a otra escala: la de los ordenadores que ayudan a mantener en marcha los aceleradores del CERN. Lo que estaba en juego no eran los portátiles de los inve…
